Cuando Eduardo Galeano escribió “El mundo es una gran paradoja que gira en
el universo. A este paso, de aquí a poco los propietarios del planeta
prohibirán el hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua” hacía referencia, precisamente a la
trascendencia histórica que ostenta el movimiento obrero en el mundo entero,
así, como a la necesidad urgente de repensar las difíciles condiciones en las
que se sumergen cientos y miles de trabajadores de nuestra patria.
Casi nada o nada ha cambiado en la historia
de los gobernantes de turno, la palabra obrero solo se ha convertido en
muletilla utilidad electoral, en la que se asientan visiones mesiánicas,
pretendiendo que aquellos que generan la riqueza, vivan de permanentes ofertas
y discursos demagógicos.
En nuestro país esta realidad sigue
siendo la misma del 1 de mayo de 1886 en la que
se realizó la huelga general para
conseguir derechos de los obreros, principalmente la jornada laboral de 8
horas; por el contrario, no solo
que la realidad se sostiene sino que al contrario se ha agudizado a los niveles
extremos de pobreza y de explotación, como producto de las políticas neo
colonialistas o desarrollistas que se implementan desde el poder.
En el frente de artistas e intelectuales, la
falta de acceso a la seguridad social, la precaria situación de los contratos
laborales y las pocas alternativas para la capacitación y la profesionalización
son una constante. Laboralmente no estamos visibilizados como trabajadores incluso
en algunos espacios del poder y de la sociedad todavía se piensa somos personas
que no podemos generar beneficios para la economía del país.
No se puede explicar de otra forma la permanente disminución de la inversión en
la política cultural y artística de nuestro país, Según un estudio del
Strategic Research Center de EAE Business School publicado el 2014, en países
como Reino Unido y EE.UU. la inversión en bienes culturales asciende al 6,74% y
6,38% del PIB respectivamente.
En el país, según datos de la economista Gabriela
Montalvo, la inversión en cultura ha bajado en un 45% desde el 2009 y la única
ley vigente que, de cierta forma, defiende los derechos de los artistas es la
Ley de Defensa Profesional del Artista. Documento que fue acabado en 1979,
provocando con esto una explotación inmisericorde a los artistas y
consecuentemente una sobreprotección a las empresas promotoras del arte.
Como se puede observar nuestra realidad es la
misma del trabajar llano y sencillo, existen cientos de razones para hacer
escuchar nuestra voz, demasiadas
coincidencias que nos llevan a pensar que nuestro proceso de realizaciones no
puede ni debe estar alejado de estas justas aspiraciones, algunas de ellas
incluso escritas en la Constitución.
Los artistas
e intelectuales demandamos respeto a nuestra dignidad de seres humanos,
a ser tratados como portadores de conocimientos y generadores de conciencia,
nos resistimos a rebajar nuestro papel a comensales de segunda mesa, a
mercaderes de la memoria colectiva, a negociantes de nuestras costumbres y
tradiciones ancestrales, no somos y no podemos ser distractores sociales y mucho menos instrumento de manipulación del
poder.
Por naturaleza de clase, étnica y de género
nuestras voces son parte de un torrente que reclama y construye libertad, patriotismo y dignidad, tomando
como referencia las palabras sabias de
Máximo Gorki. Desde el momento en que un hombre se presta a dar su libertad y su vida
por su creencia es que sus sentimientos son sinceros.
CANTO VIVO